Esteros del Iberá

Avistan un yaguareté en la provincia de Corrientes

Turistas, guías y guardaparques registraron en los últimos días distintas imágenes de un ejemplar de yaguareté, el felino más grande de América, en los senderos del Parque Iberá, 800 kil&oacu...

Turistas, guías y guardaparques registraron en los últimos días distintas imágenes de un ejemplar de yaguareté, el felino más grande de América, en los senderos del Parque Iberá, 800 kilómetros al norte de Buenos Aires. En la provincia de Corrientes, la especie había estado extinta durante 70 años, pero volvió a estar presente gracias a un proyecto conservacionista que logró reintroducir ejemplares en la naturaleza cinco años atrás. De hecho, el yaguareté registrado con los móviles es un macho de un año y ocho meses apodado Ombú, nieto de Mariua, la primera hembra liberada en 2021.

Se estima que en Argentina quedan alrededor de 250 ejemplares de este felino en estado silvestre, concentrados en una zona muy acotada del norte del país. Si bien en un primer momento los cazadores que vendían sus pieles fueron una pieza clave en la reducción de su población, hoy el yaguareté enfrenta otros dos problemas fundamentales para su supervivencia: la modificación de su hábitat —con la consecuente pérdida de refugios y presas naturales— y la caza por parte de productores agropecuarios para evitar ataques al ganado.

Si bien algunos ejemplares han sobrevivido en otras provincias del norte argentino, este depredador estuvo ausente durante 70 años en Corrientes, donde ha comenzado a ser repoblado por la Fundación Rewilding mediante un proyecto en el Parque Iberá. La isla San Alonso, en el corazón de los esteros, fue el lugar en el que prepararon cuidadosamente ejemplares para su liberación. La primera hembra —una cachorra silvestre huérfana que llegó desde Brasil— fue devuelta a la naturaleza en 2021. Una de las crías que tuvo es Porá, madre del ahora famoso Ombú, según reconstruye el veterinario Gustavo Solís, coordinador de la incorporación de individuos en el Proyecto Iberá.

En los últimos cinco años se liberaron 13 ejemplares, entre machos y hembras, y hoy hay una población registrada y confirmada de 50 ejemplares en la zona, aunque es posible que haya más.

Cuando los animales llegan a la adultez son capturados y se les coloca un collar satelital para monitorearlos. Ombú todavía no tiene uno, pero ya había sido visto junto a su madre al pasar frente a una cámara trampa ubicada el terreno, que se activa con el movimiento. A través del patrón de sus manchas —que en esta especie funciona como una huella de identidad única e irrepetible— fue rápidamente identificado.

¿Qué hace Ombú rondando cerca de la muy turística ciudad de Carlos Pellegrini? Como los machos de su especie, se dispersó en busca de nuevos territorios, de hembras y de comida. “Tuvo que haber dado una vuelta muy interesante para llegar ahí; hay mucha agua, mucho estero de por medio”, dice Solís.

En uno de los videos puede verse cómo el animal, que estaba sentado en medio del sendero público cuando aparecieron los turistas, se retira tranquilamente hacia el monte. “El ser humano para estos yaguaretés nacidos en Corrientes no representa una amenaza. No tiene miedo, es indiferente. Nosotros buscamos que el ser humano sea para ellos un estímulo neutro, que no les genere ni bronca ni cariño; que no vengan a buscarnos ni disparen cuando nos vean”, apunta el veterinario de Rewilding.

Estos encuentros contribuyen a generar un cambio en la concepción del vínculo entre el yaguareté y los humanos, históricamente marcado por escenas violentas de caza. “Más allá de los turistas que pudieron disfrutar de esos avistajes, en total armonía, sin acercarse al animal y el animal notándolos y alejándose, en redes hubo muy buena recepción de esto, los comentarios eran todos de alegría y no de miedo. Eso es clave para la conservación de esta y muchas especies, tomarlo como algo natural y no algo a lo que hay que temer”, apunta Quimey Goméz, integrante del Proyecto Yaguareté, que en el marco del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) estudia el proceso de reintroducción de la especie en la zona.

El yaguareté es el “predador tope” de Sudamérica: no le teme a nadie y nadie lo come. A partir de él se modela el paisaje hacia abajo y su existencia regula la presencia de otras especies, como el carpincho o el yacaré. “Es la pieza que falta para empezar a ordenar toda la cadena trófica”, sintetiza Solís. Por otro lado, es un animal carismático que genera atracción y que puede ayudar, mediante el turismo, a impulsar un movimiento económico que beneficie a los pobladores de la zona. De allí también la alegría con la que fueron recibidos sus avistajes.

Rewilding también trabaja en otros dos proyectos de reinserción del yaguareté en el país. Uno es en Misiones, donde cada tanto aparecían ejemplares machos que luego se dispersaban o eran cazados. Allí la fundación introdujo hembras y ya se registraron las primeras crías nacidas en estado silvestre en esa zona. El otro proyecto es en las yungas de Salta, donde se encuentran en una etapa de investigación y ya detectaron 40 ejemplares.

 

FUENTE:EL PAÍS (ESPAÑA)

  • Fecha 14.05.2026
  • Sección Generales
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